Textos rescatados Vol. 1

Sentía el frío de las tejas rojizas en sus pies y el calor en sus sienes. En su pecho. Le daba exactamente igual el pelo en la cara (el que siempre le escondían de pequeña detrás de las orejas, mientras que pensaba: ¿para qué? ¡Si aún no me han hecho los agujeros en las orejas!).

La brisa era tan cálida y tan áspera, que los labios los tenía blancos por la sequedad que respiraba. Llenaba sus pulmones de aire cada vez más, para ver si le explotaban. "Bonito que lo voy a dejar todo." -pensaba.

Nunca le dijo a nadie su guarida -llena de sombras, reflejos, murmullos y hierbas aromáticas con un ligero toque a putrefacto-.

Con sus manos se recogía las rodillas ("no vaya a ser que me las roben") y, mientras, sin saberlo, contemplaba el cielo plagado de estrellas. Pensaba y pensaba y el calor en sus sienes aumentaba a medida que disminuía el de la madrugada. Llegó a la conclusión de que ésta no era la época que quería vivir. Desnudó sus rodillas. Sonrió.

Sonó un leve silbido de aire.

Silencio.


Adiós niña de porcelana.

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