-Entonces...¿no crees que haya nada infinito?
Escondió un mechón de su pelo detrás de su oreja y esbozó una leve sonrisa.
-No, no lo creo. Aunque...
-Aunque...¿qué?
-...te miro y desearía que sí hubiera algo infinito.
Ella sonrió. Él también, sin dejar de observarla.
Se abrazaron casi fusionándose el uno al otro antes de despedirse por última vez.
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Deje su alma aquí después de la señal. RIIIIIIIIIIIIIIP