Día 25 - Tarde

Hacía bastante tiempo que no volvían los extraños "okupas" que me rodean a veces. Debido a los recortes en sanidad de nuestro hijodeQuerido Mariano Rajoy en España, casi todos han echado la bomba de humo y a saber andandarán. Algunos me dejaron una nota, la más bonita la dejó William Shakespeare, perfumada con jazmines y escrita con una letra digna de una persona que ha ido a la escuela. ¡Qué menos! 
Me hizo gracia porque, aunque era maravillosa, tenía restos de barro. El pobre mío no se percató de lavarse las manos después de restregar los jazmines y luego escribirla. O quizás es que me mandó alguna indirecta para mi cutis. Pero no, no necesito exfoliación alguna.

Después de haber leído y guardado cada una de las misivas de despedida, me he encontrado hoy en una plaza sentado a Santiago Carrillo. Cigarro en mano, me miró con los ojos de sospecha (o que se estaba deslumbrando con la luz)y me ha dicho: "El capitalismo puede llegar a destruir a la especie humana." A buenas horas, compadre, está la cosa muy fatal.- Le he contestado sentándome a su lado. Se quitó las gafas y se limpió las lágrimas con un pañuelo de algodón y añadió: "Hoy creo en todo lo que creía a los veinte años y tengo, también en esencia, las mismas ilusiones de entonces, pienso que con mayor fundamento todavía. Me producen pena y decepción los que las han perdido."

Tú has ganado en la vida, has salido ileso.- le he respondido. Al ver que ya sonreía le he dado el más dulce de mis besos en la frente y con un "Adiós camarada" he proseguido en mis labores de buscar trabajo entre ésta mierda de humanidad.

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