Día 28 (mismo): Mañana
¡Cucha! Que el otro día llamaron a la puerta y, yo pensando que era el cartero miedica que pregunta doce mil millones de veces si tengo a los perros encerrados (¡qué manía, oye, con encerrarlos!), me lié a apartarlos del camino que lleva a la puerta como si estuviera en el Amazonas pero sin hacha ni nada, para luego resultar ser Adolfo Suárez. Pues nada, ¿qué iba a hacer?, lo invité a entrar que vaya carita tenía el pobre.
Le puse un cafelito a ver si se le entonaba el cuerpo y la cara, que parecía un conejo atropellado. Se puso a hacer ese ruido constante a la par que molesto con la cucharilla moviendo el café. Por un momento pensé que iba a crear un agujero negro dentro de la taza y nos iba a tragar a todos. Venga y venga a moverlo... tíntíntíntíntín... Hasta que le dije: A ver, ¿me vas a contar qué te pasa? Deja la cucharita, hombre...
Levantó los ojos, que no la cabeza y con un pesar en la voz dijo: "Pues que le han puesto mi nombre al aeropuerto de Barajas,(tíntíntíntín) o eso dicen, (tíntíntíntín) y digo yo que podrían dárselo (tíntíntíntín) a Carrero Blanco que creo recordar que él tenía un curso del INEM de esos de vuelo sin motor, con Cum Laudem por la Universidad de Masachuses (tíntíntíntín). Y con el dinero que cuesta, ya podrían (tíntíntíntín) invertirlo en educación, sanidad, (tíntíntíntín)...que eso sí que sería democracia...(tíntíntíntín)"
Pegué tal suspiro que le enfrié el café de momento.
Le respondí: ¿Por qué no te echas un rato y descansas en paz? ¡Y deja la cucharita, por dios!
Mañana, otro día será.
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