Día 20 - Noche

Cenando apareció por la puerta rebotando de marco en marco como una pelota de "pinball" Benito Mussolini. Parecía que iba a destrozar las baldosas en cualquier momento, no sé como decirle que tiene que ponerse a plan. Venden unas hierbas muy buenas que... Creo que el hielo en el coñac no le sienta bien, pobre. Como por arte de alguna extraña magia y casualidad se tiró encima del sillón que más cerca le pareció. Se clavó el posamanos en la entrepierna, esa lagrimilla que se le saltó lo delató. Con los ojos entreabiertos o entrecerrados (según la hora) y masticando cual camello aburrido lo miré e intentando atinar a encenderse un cigarro, dijo: "Me enorgullezco de ser lo que soy, esto es: un hombre que antes de imponer sacrificios a los demás se los impone a sí mismo y que antes de llamar a la disciplina a los demás se somete a esa disciplina". Le dije: Sí, mu bien, pero te has bebío tol gazpacho, jodío... Tanta disciplina, tanta chominá pa ná. 


No sé qué me pasa con esta gente que me pongo torpona y se me caen mil cosas encima de sus cabezas: ceniceros llenos, tacones, jarrones chinos, mesas, sillas... Ay, madre mía, me estoy cubriendo de gloria.

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