Día 23 - Noche
Iba de esquina en esquina por la calle, teniendo más alcohol en vena que propia sangre cuando me tropecé en el cajero a Don Miguel Hernández y me dijo: "Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Hundiendo va este odio reinante todo cuanto quisiera remontarse directamente vivo." A lo que le contesté: Se ha dejado el tetabrick del Don Simón abierto, vas a ver la de moscas que tendrás mañana en él. Yo que tú, lo cerraba a tiempo, que estos del banco son muy pejigueras.
Me miró sonriendo y cerrando el bote me dijo: "Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido."
A lo que le contesté: Y usted, padre mío, se ha quedado sin casa metido en éste cajero tan frío.
Le di un beso en la frente y me fui, sin sacar dinero ni ná. Como mucho hubiera sacado dos cientas moscas. Sabía a alcohol un poco pero bueno, esa copa me la he llevado de gratis.
Qué crisis ésta...
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