Después de su maravilloso morreo con la botella, me dijo: "El espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.". A lo que le dije: Y te han dejado a ti para que digas cómo ha ido todo, no? Por eso estás tan solito... Angelito, ¡venga ese abrazo!. De un manotazo me apartó, se levantó como si quisiera apoyarse en los codos para hacerlo y se dirigió a un hombre de fachada poco distinguida.
Lo vi desde lejos haciendo un gesto con los dedos, frotando el dedo pulgar y los dedos índice y corazón, como si quisiera quitarse arenilla. Seguidamente, vi que Pepiño le señalaba la entrepierna a misterioso hombre. Imaginé que sería porque le estaría explicando la bravura y masculinidad que lo caracteriza. Luego se perdieron entre los setos.
No sabía que a Pepe le gustara jugar a los jardineros. ¡Qué machote!
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Deje su alma aquí después de la señal. RIIIIIIIIIIIIIIP