Antiprincesas

Soy antiprincesas radical, lo confieso.

Vivimos en una sociedad en la cual sólo hay princesas e incluso mujeres que se autoproclaman así, como si fuera eso todo lo que tienen que ser. Recordando como eran y siguen siendo las princesas de los cuentos y películas una se da cuenta de que todas son guapas, delgadas, de piel suave, sonrisa perfecta, todo perfecto. Viven por y para su príncipe y si se salen de alguna regla preestablecida llega el valiente príncipe o guerrero e intenta someterla a su santa voluntad y darle lo que él realmente espera o cree que quieren: casarse, tener hijos, vivir por y para su familia y una eternidad
de sandeces que provocan colapsos cerebrales.

Desde pequeños nos dicen que así son las princesas: perfectos floreros pero, ojo, que hay que respetar. Eso no lo sabemos llevar a la realidad a veces porque algunos se quedan en guerreros o príncipes chabacanos dignos de una tormenta de piedras y gargajos.
La idea que instauran desde que nacemos es que el hombre siempre rescata a la mujer, le saca de su monotonía o de su calvario. Me quedaré con las ganas de ver que es al revés.

Tenemos inconscientemente casi siempre la idea de que el hombre no puede ser un torpe de físico perfecto y que la mujer es una guerrera o una princesa valiente sin títulos ni historias, que no le vale más que su fuerza y su autonomía y que ella elige cómo cuándo dónde y por qué de su vida. Que no necesita un hombre a su lado ni para abrir un tarro o colgar un cuadro, que puede ser libre de elegir lo que realmente quiera.

Cuando tenga esa libertad de elegir su amor podrá ser real independientemente de la raza, sexo, títulos o dones. Y si no quiere amor, que no lo tenga. Y si quiere tener diez mil en una noche que los tenga, sin importar un carajo que la llamen despectivamente (los que aún no saben ni amar) en vez de por su nombre.

Pero la mayoría piensan que hay que conformarse con las migajas de machismo social que durante siglos hay hasta en los libros.
¿Por qué no podría haber sido el bello y la bestia? ¿por qué no Blancanieves
pudo ser feliz fuera de envidias viviendo con sus enanos? ¿Por qué Aladdin no era príncipe y Jasmine la vagabunda? En éste último caso ya habría alguien que pensaría "qué lista la tía...lo quería por el dinero".
Porque somos así, somos así de catetos.

Pero seguimos regalándole a las niñas carritos y bebés que lloran para que los consuelen sus manos pequeñas; a los niños coches y balones. Ahí ahí: estableciendo y condicionando su libertad futura.

Por eso soy antiprincesas. Soy proguerreras: las que pelean por sus sueños, las que son felices por ellas mismas, las que sonríen aunque tengan los ojos llenos de arena, las que pegan un golpe a la mesa cuando no pueden más, las que ríen o lloran con la misma intensidad, las que sienten en cada centímetro de su piel cada sentimiento propio o ajeno, las que no tienen espadas pero tienen fuerza valentía coraje rabia instinto y cada sentido agudizado que les permite sonreírle a la vida y disfrutar de cada momento.


Para mis guerreras.
Siempre bellas, luchadoras y con un par.

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