Día 1 - Mañana
Recién despierta me fui a la cocina aún con los ojos pegados y me encontré a Frank Kafka haciendo torrijas. Le dije: Pero hombre, Frank, pon algo en el suelo que me lo llenas todo de aceite y haz el favor de ponerte un mandil. Me miró y me dijo: "No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives." A lo que le contesté: Ahm...Vaya.
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Deje su alma aquí después de la señal. RIIIIIIIIIIIIIIP