Día 6 - Tarde

Esta tarde mientras paseaba por la calle con los auriculares puestos, se me ha acercado Augusto Pinochet con la palma de la mano hacia arriba. Le temblaba mucho. He supuesto que le habrían robado la pandereta. Cuando me he quitado uno de los auriculares para escuchar qué decía, ha susurrado con una halitosis digna del culo de una mofeta: "Los ponemos en un avión y en el camino los van tirando para abajo". He chocado su mano con la mía y le he dicho: ¡Choca esos cinco, compadre!. Me he vuelto a poner el auricular y he visto su cara de pena (digo yo, que sería pena). Se me ha escapado una lagrimita, será que la alergia este año viene fuerte. Imagino que sería la misma lagrimita que se le escapó a Baltasar Garzón cuando no se lo pudo encontrar. ¡Qué suerte tengo, Di*s mío!

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