Día 2 - Mediodía
Después de esas ricas lentejas con chorizo sazonadas por la manita tan mona de Cervantes, me he quedado como un mochuelo al solecito: Retrepada totalmente. Ésta vez, por suerte, no había nadie debajo de la mesa. Así que he dedicido cerrar un poco los ojos. Cuando me he despertado, estaba con los ojos como dos puñaladas en un cartón y como si alguien hubiera plantado patatas en mi paladar (tractor incluído), es decir, un poco atontá. A mis pies, sentado en el extremo del sofá, estaba sentado Francisco Franco, gafas de sol, vestido de Tul, carajillo en mano y fumando de la pipa de mi padre. - Oye Currito, qué bien te queda el naranja chillón, ¿no?. No me ha mirado por encima del hombro porque, evidentemente, la genética no fue muy generoso con él, pobre. Pero sí que hizo un gesto de orgullo y dijo: - "¡ARRIBA ESPAÑA!". Y me tiró parte del carajillo ardiendo en el pie. Qué gracioso el tío. Me he levantado cabreada, oliendo a café y enharinada cual boquerón por la ceniza de su pipa. Así que después de sacudirlo del sofá con dos dedos, he cogido la escoba y el recogedor y lo he barrido. ¡Qué poco me gusta ver mi casa sucia, oye!
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Deje su alma aquí después de la señal. RIIIIIIIIIIIIIIP