Concentrada mirando por el microscopio restos de heces, tapándome un ojo como una pirata porque ya dolía, escuché a mi lado por lo que pensé que sería un hombre casi sordo (de estos que dicen: ¡SI YO GRITO ES PORQUE NO ME OIGO!): "Nunca olvido una cara. Pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción". Pegué un sobresalto: ¡Coño, Groucho! Que casi me quedo tuerta... ¿Qué tal? ¿De viernes?... ¿Qué tal tu primo Karl?. A lo que me respondió apoyándose en la pared y echándome el humo del puro en la cara: "He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido esta". Lo miré de arriba abajo meneando la mano como espantando moscas: ¡Oye, aire, nene! ¡Que me estás dejando apestá ya!
Se puso serio y con cara de ofendido... y haciendo movimientos raros con sus cuatro extremidades se fue haciendo lo que podría identificarse como el típico baile de los catetos unicejos que entran bailando a las discotecas, pero de espaldas.
Lo que no me pase a mí...
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