Día 6 - Mañana
Entre palomas, ramas recién asesinadas y olor a hierba mojada, esta mañana me he encontrado a Pablo Neruda en la Plaza de Colón sentado en un banco desmenuzando pan y con un cartón de vino gran reserva (para los borrachos). Le he dado los buenos días amablemente y me ha respondido: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas". Con los ojos en blanco y ya un poquito cansada de que ninguno de mis recientes amigos me salude con cariño, he empezado a tirar arena a patada sucia encima de las migajas que tiraba a las ratas del aire. Le he exclamado: ¡Por favor, Pablo! ¡Siempre has sido un romántico del copón! ¿Qué te pasa ahora?.. ¿los años?...¿la vejez?...¿Acaso no amas ya nada?. Después de rascarse la nariz de toda la polvareda que había montado la menda, me ha dicho con los ojos arenosos: "¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?". No me ha quedado más remedio que dejarlo allí sacudiéndose polvo de su boina a cuadros y empinando un poquito el codo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deje su alma aquí después de la señal. RIIIIIIIIIIIIIIP