Día 3 - Mediodía

Al llegar a casa después de haber estado en Colón meditando con los consumidores de estupefacientes habituales, me he encontrado a René Descartes sacando mugre de la tragona del patio. Con los brazos con mucha mierda suciedad, hojas secas, pelos y demás alegrías; me ha dicho: "Dicen que el mono es tan inteligente que no habla para que no lo hagan trabajar". Lo he mirado con los brazos en jarra: - A ver lo que haces con tanta suciedad luego, que seguro que lo dejas todo repartido por ahí y me toca luego limpiarlo... Así que recoge tus apechusques y... ¡aire!. Ha eructado y después de ese acto tan varonil, ha añadido: "No hay alma, por poco noble que sea, que permanezca tan aferrada a los objetos de los sentidos que, a veces, no se aparte de ellos para desear un bien mayor". Sólo he podido contestar con los ojos en blanco: - Eso digo yo, nene.

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Deje su alma aquí después de la señal. RIIIIIIIIIIIIIIP